Monday, November 09, 2009

Unas vacaciones no vendrían mal...

Como un metrónomo funciona la mente. Se puede sentir. Se puede escuchar. Cada pensamiento y cada idea en su momento y en su lugar. Como un gran ensamble de engranes, girando cada uno a su tiempo, en una gran función organizada. Un día, todo se acelera, se le pide que funcione más rápido, pero aún con ritmo. Se le exige más velocidad que ritmo. En un punto se empieza a perder la sincrónica calma que reinaba antes. Aumenta el ruido, el desorden. Todo sigue funcionando, pero apenas al borde del desequilibrio. Con poco descanso, y aún menos sueño. A pesar de esto, y de alguna extraña manera, funciona.

Finalmente, una pausa. Se cumplió la cuota de velocidad por el momento, o al menos se intentó. Todo lentamente regresa a su estado natural, retoma el curso usual del tiempo. Poco a poco, cada pensamiento, cada diente de cada engrane vuelve a embonar en la gran maquinaria, y de nuevo, la calma. El ruido poco a poco toma forma, cobra sentido en el canto cotidiano de la naturaleza. Una pausa como esta, todos los días, sin importar cuan acelerado tenga que ser el paso de la semana. Un momento para que cualquier sonido sea
una melodía, y cualquier idea sea buena para perderse en ella. Después, de regreso al paso veloz que debe
llevarse. Vaya semanas que han llegado últimamente.

LJS

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