Es ese momento,
ese torbellino
de pensamiento
y de emoción,
que cada día sin ti
provoca en mi.
Un instante sin cordura,
y a la vez tanta.
Demasiada.
Con palabras que al no tener sentido
hacen comprender lo incomprensible.
Con sentimientos que por no tener fin
buscan su camino hacia ti.
Un minuto de paciencia,
un momento de alegría
seguido de aquél de esperanza,
y también otro de ternura,
pensando en ti.
Un segundo de perdición,
y al final,
la espera.
Corta, eterna.
Delgada y profunda como el mar.
Ese silencio de la mente
que inquieta al corazón
cuando el alma me pregunta
por ti.
LJS

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